Memoria, Verdad y Justicia



El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas se adueñaron del poder en la Argentina por medio de un golpe de estado. Fueron desaparecidas 30.000 personas de todas las edades y condiciones sociales. Centenares de bebés fueron secuestrados con sus padres o nacieron durante el cautiverio de sus madres embarazadas.



Las Abuelas de Plaza de Mayo se organizaron para buscar a los hijos de sus hijos. 

Tareas detectivescas se alternaban con diarias visitas a los juzgados de menores, orfanatos, oficinas públicas, a la vez que investigaban las adopciones de la época. También recibían las informaciones que la sociedad les hacía llegar sobre sus posibles nietos.

Los exámenes de sangre para determinar paternidad ya eran conocidos en la década del 70, pero en este caso los padres estaban desaparecidos. ¿Se podría usar la sangre de los abuelos y de otros familiares para reconocer a los nietos robados? Las Abuelas visitaron academias y universidades y un grupo de investigadores, en los Estados Unidos, asumió el desafío de ayudarlas.

Después de un año de intenso trabajo estadístico y matemático, los científicos lograron determinar el “índice de abuelidad” que garantizaba un 99,99 por ciento de eficacia en la determinación de parentesco, y por lo tanto la Justicia debió incorporarlo como prueba. 

Se utilizó por primera vez en 1984 cuando recuperó su identidad una niña que había sido secuestrada junto a sus padres y, tres años más tarde, la misma técnica fue empleada para identificar a otra nieta que había nacido en cautiverio.

A mediados de los años 80, las Abuelas impulsaron la creación de un banco para almacenar sus perfiles genéticos y garantizar la identificación de sus nietos. En 1987, el Congreso de la Nación creó por ley el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). En este Banco se encuentran almacenadas todas las muestras de los familiares que buscan a los niños desaparecidos por el terrorismo de Estado, y de todas las personas que sospechan ser hijas de desaparecidos.

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Link al video 3a  Derecho a la Identidad 3:09  Link al video 3b Marcha del 24 de marzo: Una historia de lucha 3:52

Link al video 4 Fin de un Mundo. Convocatoria 1:11

Link al video 5 La Marcha de los 24 de marzo 2:15

Link al video 6: Fin de un Mundo 2022 2:21

Trailer película 1985

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El ADN mitocondrial, la molécula ideal


Cuando se produce la fecundación a través de la unión del óvulo y el espermatozoide se pierden las mitocondrias de origen paterno y solamente se conservan las maternas. Por lo tanto todas las células que se originan heredan el genoma mitocondrial de su madre. Así, una madre da a todos su hijos idéntico ADN mitocondrial al que ella recibió, y así sucesivamente. Esta herencia a través de las mujeres de una familia se denomina estudio de la línea materna. Esto explica el estudio del ADN mitocondrial para la identificación del vínculo entre abuela materna y nieto/a. El ADN mitocondrial presenta dos regiones llamadas D-Loops con importantes diferencias en su secuencia entre personas no relacionadas. La identificación de estas variaciones puntuales permite establecer un patrón de ADN mitocondrial capaz de identificar a un individuo.


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El caso Matilde Lanuscou


 “Dígame doctor Snow, ¿sería posible, cabría esperar que los huesos de un feto se desintegraran en una tumba?” . Snow recuerda la situación: "Le contesté que no, que los huesos fetales pueden durar siglos. No me podía imaginar hacia adónde apuntaba esa pregunta. Pero después, en una pausa, me lo explicaron. Hablaron del caso Lanuscou. Se habían exhumado los restos óseos de la familia, pero entre ellos no estaban los de la hija menor, Matilde, de seis meses. Les dijeron que sus huesos se habían desintegrado. Tomé el caso y examiné todos los huesos; encontramos los de los dos hijos mayores, los de la madre y los del padre, todos enterrados sin nombre, pero ni uno solo de la niña"


En la tumba que correspondía a la pequeña Matilde sólo se encontraba el ataúd con sus ropitas, una manta, un osito y un chupete. Clyde Snow fue el encargado de confirmar que no había restos de la niña: encontramos unas ropas de niña, de entre tres meses y un año. Han estado enterradas durante muchos años. El pie derecho del osito presenta un área quemada. Acompañan a esas prendas siete huesos de adultos, pero no existen evidencias de restos humanos infantiles. Nunca esas ropas envolvieron un cadáver. Matilde nunca estuvo en ese ataúd. Es así de simple.


En la noche del 3 de septiembre de 1976 fuerzas conjuntas realizaron un brutal operativo que se extendió hasta la madrugada del día siguiente, en el domicilio en el que vivían en San Isidro. Desde esa fecha la familia entera permaneció desaparecida hasta que el 25 de enero de 1984 sus restos fueron identificados después de haber sido inhumados como NN en el cementerio de Boulogne, provincia de Buenos Aires. Al realizar las pericias forenses se descubrió que el cuerpo de Matilde, desaparecida con seis meses de edad, no estaba. En el ataúd que correspondía a la niña sólo se encontró una prenda de vestir y un chupete. Así se comprobó que las fuerzas represivas habían simulado su muerte para apoderarse de la pequeña.

Matilde continúa desaparecida.



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